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IMPRESIONES Y EXPERIENCIAS

 La esperanza (o el riesgo) de que nos toque la lotería
18/11/2008 | 504 Lecturas  

 Víctor MAS

La esperanza de que nos toque la lotería

En estos tiempos de recesión económica mucha gente pone casi todas sus esperanzas en un premio de la lotería con la ilusión de que la vida sea más placentera. Los medios de comunicación nos cuentan que, hata ahora, en este año los españoles hemos gastado más en loterías que el anterior, Primitiva,Bonoloto, Euromillones, Nacional... pero también afirman que vamos a gastar menos en Lotería de Navidad debido a que muchas empresas dejarán de regalar décimos o participaciones a sus clientes, hay que restringir gastos (o regalos) superfluos. No hace mucho escuché que se había hecho un estudio con personas a las que les había tocado algún premio considerable en alguna de estas loterías y 5 años después la situación económica de un gran porcentaje de l@s agraciad@s era igual o peor a la que tenían antes de su golpe de suerte, vamos, que much@s se habían fundido sus ganancias sin reparo en un corto espacio de tiempo, como nos tira aquello de quiero vivir como un rico aunque sea poco tiempo.

Al poco de abrir la 1ª Taberna de Conspiradores en el barrio de Argüelles, 6 meses más o menos, ya teníamos una cantidad de clientela fija nada desdeñable, parte de ella heredada de la anterior bodega del mismo local; entre esta clientela teníamos a un grupo que se reunía por las mañanas a echar unas partidas de cartas, dos porteros, un trabajador de banca a punto de jubilarse  y un alto funcionario del estado eran el núcleo del grupo y formaban unas algarabías de cuidado.

El de banca y el funcionario eran bastante amigos y jugaban a medias todas las semanas a la lotería nacional, un día al funcionario se le olvida darle el dinero del fondo a su compañero y éste cuando va a comprobar la lotería se da cuenta de que les ha tocado 104 millones de pesetas (630.000 €), al ser amigos y llevar tanto tiempo apostando juntos reparte las ganancias con el funcionario, 52 kilos para cada uno.

Al funcionario le empiezan a llover los amigos que necesitan dinero para reflotar sus empresas, socios para montar un negocio de hostelería y listillos y aprovechados que quieren sacar tajada del chollo que tienen delante de sus narices, y este, obnubilado por la situación y por los numerosos coñacs que se mete a diario entre pecho y espalda, nosotros dejamos de servirle alcohol, comienza a prestar dinero a espuertas (sin aval ni documento alguno que acredite dichas operaciones), a invertir en un despacho de abogados del diablo y a intentar montar su restaurante con unos tipejos que nadie sabía de donde habían salido.

Todo lo material es finito y la pasta aún más así que en cinco meses la buena nueva se había convertido en una pesadilla para el funcionario que deambulaba sin rumbo por el barrio de argüelles y bebiendo en los bares más cutres de la zona, se había convertido durante ese tiempo en un andrajo andante malviviendo en una humilde pensión, pues su mujer lo había echado de su casa por su adicción al alcohol duro y por su manía de regalar el dinero a todo el que se le acercaba con cara de cordero degollado.

Nosotros vivimos esta historia como testigos involuntarios y comprobamos como la codicia y la falta de conciencia de muchos (entre ellos algunos amigos nuestros que dejaron de serlo al comprobar lo ruín de sus acciones) arruinaron la vida de una persona por la que sentíamos un cierto aprecio, hasta el punto de ir a buscarlo una noche por los bares y calles del barrio, encontrarlo en un banco, sin sentido y hecho una piltrafa en una noche gélida de invierno y llevarle a la pensión para que no muriera de frío o le entrara una pulmonía de caballo, y como ya estaba sin blanca y deshauciado cenó con toda nuestra familia en Nochevieja en la Taberna para que no lo hiciera solo en la pensión o Dios sabe donde, y la verdad es que no fue agradable pues se había abandonado completamente y no olía el menda a flores del bosque precisamente.

Al ser un alto funcionario de la administración, al tocarle la lotería, había pedido excedencia de empleo y sueldo, pasado el plazo y rehabilitado en parte, empezó de cero y volvió a ocupar su puesto de trabajo, hace un par de años en la calle Mayor oígo que alguien me llama desde un bar, era él, entro y me cuenta un poco como le va la vida, que a lo mejor le trasladaban a Bruselas, hablamos un rato y me voy, él se quedó en el bar con su copa de coñac en la mano.

 ¿Ser tocado por la diosa fortuna es una suerte?, yo creo que sí siempre y cuando no se nos vaya la olla. 

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