Ya que estamos en un mes en el que casi muchos pueblos de España celebran sus Fiestas Patronales, voy a desempolvar el pregón que dí en el mío la noche del 14 de Agosto de 2003, ahí va:
Buenas noches pueblo de Arroyomolinos, quiero expresar esta noche que es para mí el pueblo, mi pueblo y lo haré, si me lo permiten de forma cronológica, buscando en el baul de los recuerdos y de los sentimientos.
Aquí tengo mis raices y las raices de mis antepasados, aunque después de generaciones nosotros no hayamos nacido aquí, sino en Madrid, como consecuencia de la emigración; con esto quiero recalcar el privilegio que es para los que vivimos en ciudades tener un pueblo, tener tu pueblo, que como tu familia es algo que no puedes elegir, porque te viene dado, tu pueblo no lo es por elección pero sí muchas veces por convicción y por identificación, tu pueblo está marcado en tu identidad personal y forma parte importante de tu herencia vital.
Mis primeros recuerdos del pueblo se remontan a cuando veníamos a veranear (mis Padres, Nina, mis Hermanos y yo) a casa de mis abuelos paternos en la c/ España nº 11; era asombroso como en una calle tan pequeñahabía tantos niños en verano, y todos felices por la libertad de movimientos y de horarios con que nos obsequiaban, sobre todo, nuestras Madres (porque los Padres pasaban un poco de vigilarnos). Disfrutábamosnuestra larga temporada estival entretenidos con juegos infantiles, entre ellos la caza del gamusino, de la que nadie se libraba, o con las historias de miedo y misterio que nos contaban los mayores ( de no más de 13 años).
En esa época pasábamos las tardes en las charcas debatiéndonos entre las aguaillas de los abusones y los mordicos de las sanguijuelas (que resulta que eran bien sanos); años después continuamos yendo a las charcas, como sitio emblemático que es, en concreto al pozo, desde hace tiempo sin sus dos magníficos álamos, a hacer nuestras barbacoas y cenas nocturnas, recreándonos en las lejanas y siempre relucientes estrellas del firmamento que te hacen soñar con universos inalcanzables, por las tardes es lugar idóneo para pasear y admirar desde allí la sierra en todo su esplendor.
Desde bien pequeños nos juntamos un grupo de chavales y chavalas de Madrid, Barcelona (éramos pequeños forasteros) y del pueblo, y es ahí, a tan temprana edad, cuando empezamos a conocer el valor de la amistad; pasábamos juntos la Semana Santa y los meses de Julio y Agosto, tal era nuestra unión que los hermanos mayores (de nuevo) se mofaban de nosotros llamándonos "Verano Azul", pues tan contentos y aventureros andábamos con nuestras bicis o haciendo excursiones a Valderrey o a la sierra, en la que nuestra preferencia era "La piedra de los aviones", lugar mítico para nuestras jóvenes mentes; las charcas en esa época fueron sustituidas como sitio oficial de baño por la alberca de la luná y ahí es donde nos refrescábamos diariamente.
En 1982 vinimos a vivir al pueblo, a mi padre le ofrecieron llevar la Caja de Ahorros. Entonces fue cuando conocí las Fiestas de Enero, la Chaquetía en el día de los Santos o la muy original, y de seguro antigua, Fiesta de las Comadres que "como todos ustedes saben" propiciaba, espero que aun lo haga, relaciones y noviazgos entre la mocería del pueblo, una fiesta para mí insólita y divertida a partes iguales.
Un 7 de Mayo de 1984 mi padre, Angel Amarilla Ortiz falleció de un infarto; muchos de ustedes lo conocieron, era una persona vitalista, generosa, abierta, con sentido común y gran sentido del humor y con aquello que algunas personas llaman personalidad magnética, era de trato afable, dejaba huella en aquellos con quien se relacionaba y, sobre todo, era una buena persona.
Tras su ausencia sufrimos un gran vacío y la sensación de que se nos fué demasiado pronto y de que le quedaban muchas, muchísimas cosas por hacer y por vivir.
Un año después volvimos a Madrid a rehacer nuestras vidas, desde entonces volvemos al pueblo frecuentemente en busca de ese sosiego y ritmo pausado del tiempo que la ciudad no te da.
Del pueblo me encanta el entorno paisajístico que nos rodea: sierra, dehesa, campos de cultivo, que en cada estación cubre de nuevos colores y matices toda su natural belleza, desde el esplendor primaveral a la serenidad cobriza del otoño, un entorno que da paz y en el que se respira uno de los aires mas puros de Europa: el aire extreñeño con denominación de origen.
Disfruto enormemente yendo a la Fontalba, siguiendo la calzada romana de la Ruta de los Molinos, o contemplando la puesta de sol desde el pantano; hacen en mí un efecto balsámico, relajante.
Arroyomolinos es un lugar ideal para disfrutar de placeres sencillos que, muchas veces, ocupados en cubrir necesidades, la mayoría de ellas superfluas que la sociedad moderna nos impone, nos olvidamos de ellos: los paseos por el campo, el sonido del silencio, la música de los pájaros, disfrutar de la naturaleza, de tu familia, el reencuentro con amistades y personas allegadas, las charlas sobre lo divino y lo humano hasta altas horas de la madrugada, con tu gente.
Para finalizar este pregón quisiera decir que si a Ingrind Bergman y Humphrey Bogart en la inmortal y maravillosa película Casablanca siempre les quedaría París, yo, siempre llevaré mi pueblo, Arrollomolinos, en el corazón.
Muchas gracias, buenas noches y que pasen Felices Fiestas.
FDO: Víctor Amarilla Solís.
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