La habitación coserva el mismo decorado que cuando marchaste,
sobre la mesa de caoba reposan tus perfumes en sus frascos,
nadie los volverá a abrir,
sus aromas habrán enmudecido.
Allí Vaslín ha invocado tu recuerdo,
me ha confiado secretos de vuestros largos paseos al lago,
y os he imaginado como doncellas de los bosques
con vuestros vestidos de raso blanco.
Vaslín cepillaba tu dorado cabello ensalzado por el sol,
y tú contabas historias de pueblos desaparecidos,
suaves y delicadas entre flores pasábais horas felices,
horas que ahora suenan lejanas.
Una mañana de Primavera que más pareció de seco Otoño,
marchaste a explorar, tú sola, la cavernosa Peña de los halcones,
(se supo esa tarde por la nota dejada a Vaslín)
desde el alba al ocaso se oyeron en el pueblo ecos inquietantes
y una débil melodía que ya nadie recuerda
provenientes de la peña en donde habitaron los halcones.
Ha pasado un año y no has regresado de allí.
Encontraron tus zapatos en una recóndita vereda,
a parte de esta seña no dejaste rastro.
Yo te ví atravesar, esa mañana que nunca debió llegar,
el arroyo que rodea la parte baja de la inviolable peña,
-Buen día- me dijiste y desapareciste entre la espesura del monte.
¡Quise seguirte, el Gran Dios lo sabe!
pero una fuerza sobrecogedora me inmovilizó
e hizo de mí una estatua del lenguaje de la pasión,
pasión hacia tí, mi adorada Miranda.
He recordado ese instante cada día a lo largo de este año de fatídica existencia,
Vaslín te llora y asegura que te habla,
yo intento subir a la peña constantemente
y hay momentos en que brota dentro de mí tu hermosa sonrisa
tan abierta como el más encantado de los valles,
el sol entonces se transforma ardiente
y allí, bajo el sol, tú me desgarras de amor intenso,
abro los ojos y veo las laberínticas formas que te llevaron a otra vida o sueño,
respiro su atmósfera pura y vuelvo dolorido a mi lecho
¡Quisiera tanto unirme a tí!
A veces pierdo la razón y en mi sien suena tu voz diciéndome -Buen día-.
Apenas te conocí y ahora te deseo más que a nada en este mundo.
Comienzo a comprender que siempre fuiste inalcanzable.
ESTA POESÍA ESTÁ INSPIRADA EN LA PELÍCULA DEL DIRECTOR AUSTRALIANO PETER WAIR
"PICNIC EN HANGING ROCK"
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