Desde hace un tiempo cojo habitualmente el autobús para ir a trabajar, ya que me resulta muy cómodo el trayecto, de 15 a 20 minutos en llegar desde Alcorcón al centro de Madrid, me da más libertad de movimientos, pues no tengo que estar pendiente del coche, y me ofrece tiempo para leer, repasar la agenda, o simplemente observar el paisaje absorto en mis pensamientos, pero hay un hecho que vengo observando que dice mucho de la sociedad en que vivimos; yo me siento tranquilamente y comienzo a leer, por ejemplo, la biografía de Orson Welles que el diario El País regaló junto con un dvd de esa enorme película que es Ciudadano Kane, hace un par de de Domingos y detrás de mí una joven llama con su teléfono móvil a alguien a quien le da una charla absolutamente banal que, muy a mi pesar escucho enterita desconcentrado totalmente de mi placentera lectura, y que termina con un "bueno, ahora nos vemos". Tras esa llamada se suceden dos más del mismo trivial índole de las que yo soy testigo en contra de mi voluntad, hasta que el bus nos lleva a nuestro destino.
Estoy siendo testigo de hechos como este todos los días, en el metro creo que no hay cobertura afortunadamente, y, ya se sabe, encima con el móvil se levanta la voz más de lo habitual y está enterándose todo el mundo de aspectos de la vida de los demás que seguramente no les importe lo más mínimo.
Este hecho se da más entre los más jóvenes, aunque también encuentras personas más maduras exhibiendo verbalmente sus anécdotas o experiencias ante el prójimo como pensando "¿Os dais cuenta de lo guay que es mi vida social?" o "Que de amigos tengo", me alegro, pienso yo, pero ¿a quien le importa?, yo sólo quiero leer un poco y llegar con tiempo al curro.
Y todo esto me lleva a pensar si no nos estaremos convirtiendo en unos exhibicionistas al contar o sugerir en voz alta, a oidos de todos, lo interesante que son nuestras vidas o, lo que es aun peor, algo que ya sugería un eminente filósofo cuyo nombre no recuerdo: "Una de las mayores desgracias del ser humano es su incapacidad de estarse quieto, sin hacer nada". ¿Podemos estar sin hacer, aparentemente nada, obsevando, escuchando, pensando, interiorizando? Espero que sí , porque sino lo llevamos crudo crudito.
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